La historia de una mentira

19 04 2013

El caso de Stephen Glass es, ante todo, indignante. Se trata de uno de los mayores escándalos periodísticos que se recuerdan. El periodista de The New Republic, falseó datos, noticias, historias; pero sobre todo, mintió a la sociedad y a sí mismo como profesional y persona. El joven escribió 47 artículos para la conocida revista, de los que 21, resultaron ser invención suya, total o parcialmente. Su elocuencia y carisma, fueron la razón de que los textos fueran tomados como verdaderos. Nadie presagiaba la tragedia, la caída de uno de los referentes en ese momento. Adam Penenberg, redactor de la revista Forbes, encontró evidencias de que algunos datos aportados por Stephen Glass en sus artículos no eran ciertos y la información había sido manipulada. Lee el resto de esta entrada »

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Un éxito imaginario

7 04 2013

Si existe una acción que puede hundir tu carrera en el mundo del periodismo, ésa es la de romper el inexorable principio de veracidad.

Stephen Glass

Stephen Glass

El 11 de mayo 1998, el joven periodista Stephen Glass fue despedido de la prestigiosa revista The New Republic después de que el diario digital Forbes descubriera irregularidades en su artículo ‘Hack Heaven’. Era la primera vez que una edición digital le restaba credibilidad a una publicación en papel y, en su momento, se convirtió en uno de los mayores escándalos de la historia del periodismo.

En dicho artículo Stephen Glass retrató, como si hubiese estado presente, una convención de hackers donde una empresa de tecnología le ofreció a un niño de 15 años, que violó sus sistemas, ser el nuevo jefe de seguridad informática de la compañía ofreciéndole un contrato millonario.

Esta publicación llegó a manos de Adam Penenberg, periodista de  Forbes.com, quien investigó la historia y descubrió que las piezas no encajaban. Llamadas y correos sin respuesta, páginas web sospechosas, fuentes inexistentes, anotaciones equivocadas… Un cúmulo de atentados contra los principios básicos del periodismo que obligaron a Charles Lane, editor de TNR, a suspender temporalmente a Stephen Glass. La redacción de The New Republic se movilizó a favor de Glass. Éste era un tipo encantador y detallista que seducía a todos gracias a su don de gentes. Sus compañeros creían que todo era fruto de una persecución del nuevo editor, Charles, a Stephen motivada por la escelente relación que éste tenía con el anterior editor. Pero pronto comprobarían que estaban equivocados.

Charles Lane descubrió que, al menos, 27 de los 41 artículos que Stephen Glass publicó en TNR estaban total o parcialmente inventados. Este hecho supuso el despido inmediato de Glass y la frustración de sus compañeros tras haber creído en sus artimañas de atracción.

Charles Lane replica a Stephen Glass

Charles Lane replica a Stephen Glass

La decisión de Charles Lane. El recién nombrado editor de The New Republic se vio en la difícil disyuntiva de, o bien proteger a un redactor atendiendo a las presiones de sus compañeros, o por el contrario defender los principios básicos de la profesión periodística. Charles decidió lo correcto y despidió a Stpehen Glass. Finalmente elaboró un escrito en el que pedía perdón a todos sus lectores por todos los artículos inventados por Glass.

La codicia de Stephen Glass. Este personaje se obsesionó en llegar a la cima del periodismo a toda costa. Para ello no le importó inventar artículos que sus lectores creyeron. Stephen se apoyó en la importancia de la cabecera para que sus fabulaciones pareciesen verídicas. Sin duda, para Glass el fin justificaba los medios.

El sistema de verificación de TNR. Resulta cuanto menos sorprendente cómo Stephen Glass esquivó todos los controles de verificación de la información que efectuaba la redacción de The New Republic. Resulta clave en este hecho el anterior editor de TNR, quien seguramente estaba al tanto de todos estos artículos de contenidos ficticios, pero que no se atrevió a denunciar apoyado en el éxito de la revista.

Paradójicamente, el mismo Stephen Glass afirmaba esto durante la película: “No puedes ir al mundo del periodismo sin antes haber comprendio cómo se publica una nota en The New Republic (…) Llega una historia y va a un editor senior. Él o ella, la edita en la computadora, y luego llama al redactor que hace revisiones. La nota pasa a otro editor y el redactor nuevamente la corrige. Luego pasa por el control de datos, donde cada hecho mencionado, cada fecha, título, cada lugar o dato se comprueba o verifica. Y el artículo va a un corrector que lo revisa una vez más. Y a los abogados que hacen su propio escrutinio. Luego la producción lo toma y le da forma y estilo. Vuelve a imprimirse, regresa al editor, al corrector, de vuelta al primer editor y al segundo, a comprobación de datos, de vuelta al redactor, y a producción otra vez. Mientras, los abogados leen y releen, buscando posibles conflictos, algo que no parezca corroborado. Cuando están satisfechos se imprime, y todo comienza otra vez”.

El poder de las grandes cabeceras. Las fantasiosas historias de Stephen Glass no habrían adquirido categoría de verdades de no ser por el medio en el que trabajaba. Cuando un periodista publica un artículo amparado bajo un importante medio de comunicación, sus palabras son rituales de verdad. Los medios poseen un claro poder de estructurar los pensamientos y ser los verdaderos portadores de la verdad de un mundo.

Otro aspecto relevante que influyó para que las invenciones de Glass tuviesen rango de realidades, se debe a cómo los lectores las percibían. Es conveniente recordar que los seres humanos preferimos ver y oír lo que nos agrada que escuchar la verdad cuando ésta no nos gusta. Sin estas dos variantes hubiesen sido imposibles las fabulaciones de Stephen Glass

La actuación de Forbes. Es cierto que en la actualidad existen numerosos medios digitales. Sin embargo, en 1998, Forbes fue pionero en Estados Unidos en publicaciones online. Es por ello que cobra especial importancia el escándalo en The New Republic que ese 11 de mayo destapó este medio. Adam Penenberg, tras una rigurosa y minuciosa investigación, descubrió todas las patrañas que Stephen Glass incluyó en ‘Hack Heaven’. Este hecho catapultó su carrera y en la actualidad es profesor asistente en la universidad de Nueva York y escribe en el Washington Post. El artículo que desenmascaró a Glass se publicó el 5 de noviembre de 1998, y su título es Lies, Damn Lies and Fiction (Mentiras, Malditas Mentiras y Ficción).

Este brillante hallazgo por parte de Forbes.com demuestra que los medios digitales poseen tanto rigor periodístico como cualquier edición impresa. La diferencia está en la percepción de los usuarios, quienes tradicionalmente han otorgado más fiabilidad a los diarios en papel. Obviamente, casos como el de Stephen Glass indican que tanto medios online como impresos deben gozar de la misma credibilidad. En la actualidad está apreciación desigual ha desaparecido. En el año 2013 los lectores de prensa digital superan a los diarios impresos.





Ante todo honestidad

27 03 2013

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El rigor de las informaciones y la veracidad de las fuentes son dos de las reglas básicas e inquebrantables del periodismo. Estas normas fueron violadas por Stephen Glass, el protagonista de la película basada en hechos reales El precio de la verdad  (Shattered Glass)(2003) que interpreta Hayden Christensen y dirige Billy Ray.

“El periodismo está lleno de fantasmas, de fanfarrones, de imbéciles. Están siempre vendiéndose, negociando los contactos, intentando parecer más importantes de lo que son. Lo bueno es que estos periodistas te ayudan a destacar”. “El periodismo es el arte de captar el comportamiento. Averiguo lo que a la gente le conmueve o le asusta, de este modo son las personas las que cuentan la historia, este tipo de artículos también puede ganar premios Pulitzer”. Estas palabras con voz en off de Glass sirven para dar el pistoletazo de salida al largometraje.

Stephen Glass podía presumir en 1998 a sus tan sólo 24 años de trabajar como periodista en una de las revistas más prestigiosas y elitistas de Estados Unidos: The New Republic donde relataba los sucesos que había presenciado. Al tratarse de situaciones que sólo había presenciado él como periodista, las fuentes de estas noticias eran las propias, de este modo conseguía esquivar los sistemas de verificación de datos.

Stephen Glass

Las primeras sospechas sobre datos irregulares en las publicaciones de Glass se dieron en el artículo “Spring Breakdown”,  pero fue el medio online Forbes quien destapó el escándalo a raíz de “Hack Heaven” donde Stephen Glass describía en primera persona en el contexto de una convención de hackers en Las Vegas, la reunión de un pirata informático de 15 años con representantes de Jukt Micronics, importante compañía de software. En ella se le ofrecía el puesto de jefe de seguridad de la empresa, además de aceptar sus chantajes.

El periodista de Forbes Adam Pennenberg fue el que descubrió la falsedad del artículo al comprobar que no existía la empresa de software Jukt Micronics ni el hacker quinceañero y que no podía celebrarse una convención en el hotel de Las Vegas que se nombraba en el artículo, además de otras falsedades e inexactitudes. Esto supuso el despido fulminante de Stephen Glass.

El artículo de Adam Pennenberg publicado el 10 de mayo de 1998 provocó la carta de disculpa de The New Republic al mes siguiente en la que señalaba que de los 41 artículos publicados por Glass en la revista, 27 eran parcialmente o totalmente inventados.

Adam Pennenberg descubrió el Caso Glass

El papel de internet resultó fundamental para comprobar la invención de los datos y las fuentes de Glass. En 1998 con una red todavía incipiente, muchas redacciones no tenían acceso a internet y evidentemente su mentalidad era cien por cien print. Esto suponía que en casos como el de Glass, sus artículos pudieran pasar por el filtro de los encargados de verificar los datos.

Tenía que ser un medio nativo online el que destapara la caja de los truenos: la revista Forbes. El artículo de Adam Pennenberg que denunciaba el caso supuso un paso adelante del periodismo en internet y una declaración de intenciones de lo que suponía la red en el mundo del periodismo, Stephen Glass fue la primera víctima.

Pennenberg y su equipo se encargaron en un primer lugar de comunicar al director de The New Republic, Charles Lane sus averiguaciones sobre el caso mientras este les pasaba los números de teléfono y las cuentas de los protagonistas de Hack Heaven. Una vez los periodista de Forbes van demostrando la falsedad de estos números y cuentas queda patente la ficción del relato de Glass.

Este caso puso en cuestión la veracidad de los medios como The New Republic, una revista que contaba con una elevada reputación. Otro periódico de EE.UU. que contaba (y cuenta) con un gran prestigio como es The Washington Post también cayó en la trampa, la historia de Jimmy escrita por Janet Cooke y que le valió un Pulitzer también resultó ser falsa.

Es en ámbito del periodismo deportivo donde suele existir menor rigor informativo, es frecuente encontrar noticias falsas y declaraciones tergiversadas o hasta inventadas. Un ejemplo de esto se da en artículos como este de Diego Torres, periodista encargado de cubrir la información del Real Madrid para El País.

Se puede hacer buen periodismo con rigor y verificación desde cualquier medio, sea local, tradicional o nacional. Lo que importa no es el medio sino la honestidad del periodista.

Las conclusiones que se extraen del Caso Glass y lo que supone para el periodismo son:

– La autenticidad  de fuentes y el rigor y veracidad de la información bajo cualquier circunstancia. Es lo que diferencia al periodista del narrador.

–  Una revisión más exhaustiva por medio del periódico, no sólo para localizar erratas e inexactitudes sino también para comprobar que los datos que ofrece el periodista y sus fuentes son verídicas.

–  No anteponer el lucimiento personal antes que la honestidad profesional. A Stephen Glass, quizá debido a su juventud, le gustaba sentirse admirado por sus compañeros de redacción y por su ex director Michael Kelly, y siempre escribía artículos cada vez más estrambóticos para continuar siendo el centro de atención.

–  Siempre hay que recoger fotografías o vídeo para demostrar la veracidad de las informaciones. Este fue el gran punto débil de sus publicaciones, especialmente de Hack Heaven, no contenía imágenes.

–  Stephen Glass decía en la película que: “Un gran director lucha por los suyos, por sus  redactores”, esto debe ser así pero hasta cierto punto. Él se aprovechaba de la indulgencia de su anterior jefe, Michael Kelly para publicar sus artículos. La confianza que le procesaba se destrozó como un cristal.








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