Un éxito imaginario

7 04 2013

Si existe una acción que puede hundir tu carrera en el mundo del periodismo, ésa es la de romper el inexorable principio de veracidad.

Stephen Glass

Stephen Glass

El 11 de mayo 1998, el joven periodista Stephen Glass fue despedido de la prestigiosa revista The New Republic después de que el diario digital Forbes descubriera irregularidades en su artículo ‘Hack Heaven’. Era la primera vez que una edición digital le restaba credibilidad a una publicación en papel y, en su momento, se convirtió en uno de los mayores escándalos de la historia del periodismo.

En dicho artículo Stephen Glass retrató, como si hubiese estado presente, una convención de hackers donde una empresa de tecnología le ofreció a un niño de 15 años, que violó sus sistemas, ser el nuevo jefe de seguridad informática de la compañía ofreciéndole un contrato millonario.

Esta publicación llegó a manos de Adam Penenberg, periodista de  Forbes.com, quien investigó la historia y descubrió que las piezas no encajaban. Llamadas y correos sin respuesta, páginas web sospechosas, fuentes inexistentes, anotaciones equivocadas… Un cúmulo de atentados contra los principios básicos del periodismo que obligaron a Charles Lane, editor de TNR, a suspender temporalmente a Stephen Glass. La redacción de The New Republic se movilizó a favor de Glass. Éste era un tipo encantador y detallista que seducía a todos gracias a su don de gentes. Sus compañeros creían que todo era fruto de una persecución del nuevo editor, Charles, a Stephen motivada por la escelente relación que éste tenía con el anterior editor. Pero pronto comprobarían que estaban equivocados.

Charles Lane descubrió que, al menos, 27 de los 41 artículos que Stephen Glass publicó en TNR estaban total o parcialmente inventados. Este hecho supuso el despido inmediato de Glass y la frustración de sus compañeros tras haber creído en sus artimañas de atracción.

Charles Lane replica a Stephen Glass

Charles Lane replica a Stephen Glass

La decisión de Charles Lane. El recién nombrado editor de The New Republic se vio en la difícil disyuntiva de, o bien proteger a un redactor atendiendo a las presiones de sus compañeros, o por el contrario defender los principios básicos de la profesión periodística. Charles decidió lo correcto y despidió a Stpehen Glass. Finalmente elaboró un escrito en el que pedía perdón a todos sus lectores por todos los artículos inventados por Glass.

La codicia de Stephen Glass. Este personaje se obsesionó en llegar a la cima del periodismo a toda costa. Para ello no le importó inventar artículos que sus lectores creyeron. Stephen se apoyó en la importancia de la cabecera para que sus fabulaciones pareciesen verídicas. Sin duda, para Glass el fin justificaba los medios.

El sistema de verificación de TNR. Resulta cuanto menos sorprendente cómo Stephen Glass esquivó todos los controles de verificación de la información que efectuaba la redacción de The New Republic. Resulta clave en este hecho el anterior editor de TNR, quien seguramente estaba al tanto de todos estos artículos de contenidos ficticios, pero que no se atrevió a denunciar apoyado en el éxito de la revista.

Paradójicamente, el mismo Stephen Glass afirmaba esto durante la película: “No puedes ir al mundo del periodismo sin antes haber comprendio cómo se publica una nota en The New Republic (…) Llega una historia y va a un editor senior. Él o ella, la edita en la computadora, y luego llama al redactor que hace revisiones. La nota pasa a otro editor y el redactor nuevamente la corrige. Luego pasa por el control de datos, donde cada hecho mencionado, cada fecha, título, cada lugar o dato se comprueba o verifica. Y el artículo va a un corrector que lo revisa una vez más. Y a los abogados que hacen su propio escrutinio. Luego la producción lo toma y le da forma y estilo. Vuelve a imprimirse, regresa al editor, al corrector, de vuelta al primer editor y al segundo, a comprobación de datos, de vuelta al redactor, y a producción otra vez. Mientras, los abogados leen y releen, buscando posibles conflictos, algo que no parezca corroborado. Cuando están satisfechos se imprime, y todo comienza otra vez”.

El poder de las grandes cabeceras. Las fantasiosas historias de Stephen Glass no habrían adquirido categoría de verdades de no ser por el medio en el que trabajaba. Cuando un periodista publica un artículo amparado bajo un importante medio de comunicación, sus palabras son rituales de verdad. Los medios poseen un claro poder de estructurar los pensamientos y ser los verdaderos portadores de la verdad de un mundo.

Otro aspecto relevante que influyó para que las invenciones de Glass tuviesen rango de realidades, se debe a cómo los lectores las percibían. Es conveniente recordar que los seres humanos preferimos ver y oír lo que nos agrada que escuchar la verdad cuando ésta no nos gusta. Sin estas dos variantes hubiesen sido imposibles las fabulaciones de Stephen Glass

La actuación de Forbes. Es cierto que en la actualidad existen numerosos medios digitales. Sin embargo, en 1998, Forbes fue pionero en Estados Unidos en publicaciones online. Es por ello que cobra especial importancia el escándalo en The New Republic que ese 11 de mayo destapó este medio. Adam Penenberg, tras una rigurosa y minuciosa investigación, descubrió todas las patrañas que Stephen Glass incluyó en ‘Hack Heaven’. Este hecho catapultó su carrera y en la actualidad es profesor asistente en la universidad de Nueva York y escribe en el Washington Post. El artículo que desenmascaró a Glass se publicó el 5 de noviembre de 1998, y su título es Lies, Damn Lies and Fiction (Mentiras, Malditas Mentiras y Ficción).

Este brillante hallazgo por parte de Forbes.com demuestra que los medios digitales poseen tanto rigor periodístico como cualquier edición impresa. La diferencia está en la percepción de los usuarios, quienes tradicionalmente han otorgado más fiabilidad a los diarios en papel. Obviamente, casos como el de Stephen Glass indican que tanto medios online como impresos deben gozar de la misma credibilidad. En la actualidad está apreciación desigual ha desaparecido. En el año 2013 los lectores de prensa digital superan a los diarios impresos.

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