El debate entre el rigor y el entretenimiento

30 04 2013

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“Para convertir un reportaje bueno en excelente no hay que abusar del entretenimiento”, afirmó Bienvenido León durante su intervención. Oportunas palabras con las que el director de Urban Tv inauguró las VIII Jornadas Internacionales de Periodismo celebradas en la Universidad Miguel Hernández, que este año dirigieron su discurso central hacia el reportaje televisivo.

Y es que en los últimos años, los medios de comunicación coquetean, desafortunadamente, con el formato de la telerrealidad. El fenómeno de la telerrealidad ha alterado drásticamente las parrillas de programación de la pequeña pantalla. Su éxito es de tal magnitud que los televidentes se ven arrastrados por un ciclón de programas de diversos contenidos, formatos y estilos, con el objetivo común de mostrar una representación precisa del mundo real. Sin embargo, la imperiosa necesidad de sostener elevadas cotas de audiencia ha originado una búsqueda de contenidos cuyo anclaje en la realidad se manifiesta cada vez más irresoluto.

Los estudiantes de la UMH disfrutaron de las VIII Jornadas Internacionales de Periodismo

Los estudiantes de la UMH disfrutaron de las VIII Jornadas Internacionales de Periodismo.

El propio Bienvenido León acusa en su libro, Telerrealidad: el mundo tras el cristal, a los formatos del reportaje audiovisual que desarrollan este fenómeno de beneficiarse de contenidos morbosos, de presentar unas historias manipuladas que poco o nada tienen que ver con la realidad, y de no respetar el derecho a la intimidad de la ciudadanía. Esta tesitura provoca que el público no perciba la información de la manera adecuada. Como bien sugirió León: “La gran baza que debe seguir el reportaje es la autenticidad”.

Es por ello que el periodista debe tener cuidado a la hora de elaborar los reportajes, en los que se debe priorizar la información por encima del entretenimiento. Gran Hermano, Supervivientes, Gandía Shore, Hermano Mayor… Muchos son los medios de comunicación que explotan la telerrealidad y que han invadido las parrillas televisivas. Algunas de las causas que explican este auge son los jugosos beneficios que generan este tipo de programas. A ello hay que añadir el bajo coste de producirlos. A los participantes no se les paga como actores, no hay escenarios y la dirección es mínima. Tienen grandes ingresos publicitarios gracias a sus altos ratios en los audímetros. También ayuda a incrementar su economía el popular sistema de envío de mensajes por parte de los telespectadores para participar en los programas.

No es oro todo lo que reluce. En Francia, Géral Babin y Thierry Costa, participante y médico del concurso Koh Lanta, perdieron la vida durante el transcurso de éste. Esta delicada situación ha llevado a la ministra francesa de Cultura, Aurélie Filippetti, a proponer la regulación de estas plataformas televisivas. Por ahora, el Consejo Superior de lo Audiovisual (CSA) de Francia ha buscado un acuerdo con las televisiones para señalizar esas emisiones de manera específica, proporcionar acompañamiento psicológico a los concursantes y obligar a emitir ciertos programas a partir de las 22.00 horas. El caso está ahora en manos de la justicia, que ha abierto una investigación por homicidio involuntario por la muerte de Babin.

A la izquierda, el médico Thierry Costa. A la derecha, el concursante Gerald Babin, fallecidos en Koh Lanta.

Thierry Costa y Gerald Babin, fallecidos en Koh Lanta.

La telerrealidad mata

Para François Jost, sociólogo y profesor de Ciencias de la Información y de Comunicación de la Universidad de París III, la tragedia pone al descubierto la contradicción de base del concepto del programa, uno de los dos pioneros, junto a Gran Hermano, de la llamada telerrealidad. “Nos hacen creer que los participantes son náufragos voluntarios, totalmente abandonados en una isla, en condiciones extremas de calor, de hambre, etcétera. Si es cierto, efectivamente, es extremadamente peligroso”, relata. “Pero por otra parte la productora dice que no es más que un juego y está todo controlado, pero eso quitaría interés al programa”. Noncho Vodenicharov, de 53 años, fue la primera víctima de Supervivientes. Concursante de la versión búlgara del formato, murió de un paro cardiaco durante el rodaje en Filipinas en 2009. El mismo año, la versión paquistaní, rodada en Tailandia, sumó la segunda víctima mortal, Saad Khan, de 32 años. Se ahogó delante de las cámaras en una prueba en la que debía atravesar el lago de Bangkok cargando con un peso de siete kilos. A diferencia de Francia, en ninguno de los dos casos se detuvo la emisión.

León critica el formato

Bienvenido se postuló contrario a estos formatos: “Estamos en un punto en el cual hemos desequilibrado la balanza hacia el entretenimiento. Creo que es fundamenfundamental equilibrarla”. Eso no quiere decir, según León, que no deba entretenerse al espectador, pero hay que recuperar las bases: “El objetivo y el reto de cualquier periodista debería ser convertir lo importante en interesante”. En esta misma línea, Gemma Soriano, directora de Repor (TVE) desde 2007, instó a los asistentes a la charla a confeccionar atractivo el espacio de reportajes, apostando por el trinomio información, divulgación y entretenimiento. La telerrealidad se ha convertido en telespectáculo. Los espectadores no se deben ver reflejados en los personajes ni en las situaciones que se crean. Estas “realidades” no son más que entretenimiento, de manera que llega un punto en el que los televidentes ni se plantean la veracidad de los contenidos. Y es que la realidad es relativa.

Programas como 'Supervivientes' o 'Gran Hermano', son considerados como telebasura.

Programas como ‘Supervivientes’ o ‘Gran Hermano’, son considerados como telebasura.

Gonzalo del Prado, reportero del Área de Cultura en los informativos de Antena 3, también se postuló en este tema durante la conferencia: “Para ser periodistas hay que contar historias, pero sobre todo hay que contar la verdad”. Unas palabras que deberían aplicarse ciertos shows televisivos.

Vídeo de las VIII Jornadas Internacionales de Periodismo celebradas en la Universidad Miguel Henández





Por un periodismo independiente

30 04 2013

“Hacer un periodismo libre de intereses particulares, que no nos presionen ni las empresas ni los políticos, ser útiles, transparentes y democráticos”

Estas palabras citadas por Toni Martínez durante la charla que impartió a futuros periodistas de la universidad Miguel Hernández, son un rayo de esperanza entre tanto escepticismo. En estos días tan convulsos que vive España, los medios de comunicación pierden su credibilidad a pasos agigantados.

Toni Martínez es redactor en La Marea

Toni Martínez muestra varias portadas de La Marea.

Hablamos de un país en el cual dos corrientes ideológicas distintas marcan un bipartidismo político. Pero hay otros colectivos que no tienen la fuerza ni la repercusión de estos. Y esta desventaja con respecto a los dos grandes, se debe fundamentalmente a que son radicalmente opuestos en cuanto a pensamientos y forma de actuar. Es por ello que cualquiera de las reivindicaciones que plantean o declaraciones en contra de los intereses de los dos gigantes, rápidamente son censuradas en el mejor de los casos.

Los periodistas pueden desempeñar sus funciones libremente siempre que no se desvíen de ciertos parámetros ideológicos. Cuando se desmarcan de las pautas que marca la jerarquía social más elevada, viven en sus carnes las restricciones que ésta les imponen. Las represalias que pueden sufrir estos comunicadores van desde la demanda judicial a la censura llevada a cabo por los propios medios para los que trabajan. Este hecho no sería posible si estos medios de comunicación no estuviesen dirigidos y controlados por los poderes económicos. Los organismos imperantes en la economía del país, también ejercen este liderazgo en los medios y los manejan según les convenga. De este modo resulta utópico hablar de libertad de expresión.

Un caso sonado en la sociedad fue el del periodista norteamericano Gary Webb. Este gran comunicador vio frenada su trayectoria al revelar una verdad que atentaba contra los intereses de los Estados Unidos: el vínculo de la CIA con los reaccionarios en Nicaragua y el tráfico de estupefacientes a los EEUU. El periodista critica, desde su dilatada experiencia, el corporativismo que salpica la profesión: “Si nos hubiéramos conocido cinco años antes, no podrían haber encontrado un defensor más firme de la industria del periodismo que yo […] Estaba ganando premios y dinero, dando conferencias, aparecía en la televisión y formaba parte de jurados  de periodismo […] Y entonces escribí algunas historias que me hicieron darme cuenta de lo tristemente equivocado que estaba. La razón por la que había disfrutado de tanto prestigio durante un tiempo no había sido, como yo presumía, por mi trabajo bueno, cuidadoso y diligente […] La verdad era que todos esos años yo no había escrito nada lo suficientemente importante como para ser censurado”.

Tras estas revelaciones que iban en contra de la imagen de los poderes norteamericanos, Webb fue presionado, amenazado, acosado, y marginado por el colectivo de la  comunicación. Todas estas humillaciones a las que fue sometido le llevaron al suicidio en 2004.

En una sociedad en el que las altas esferas manejan los hilos de medios informativos, la libertad de expresión queda al margen. Un periódico que sea controlado por un entramado empresarial jamás informará sobre algo que perjudique a dicho colectivo. Por tanto, estos medios sólo se limitan a servir a sus dueños y a comunicar lo que estos desean. Estamos ante un periodismo falto de rigor y de ética. Es un periodismo corporativo que denigra de forma alarmante la profesión. Los profesionales que lo llevan a cabo carecen de independencia y capacidad crítica, las verdaderas señas de identidad de un periodista.

Es por ello, que estamos en la obligación de impulsar y promover la recuperación de la honorabilidad de la profesión, no dejar que los intereses económicos interfieran en la libre divulgación de las noticias, crear jóvenes periodistas con amor propio y autonomía para informar.

Última portada de La Marea

Última portada de La Marea.

Prueba de este periodismo de rigor, credibilidad e independencia, es la cooperativa Más Público y que tiene como producto estrella La Marea. Este medio de comunicación surgió tras a la desaparición del diario Público y está formado íntegramente por el equipo de dicho periódico. Apuestan por el periodismo de investigación y análisis, por las historias que pasan desapercibidas para los grandes medios. El 50% pertenece a los socios y el 50% restante a los usuarios. No dependen de la publicidad y respetan los principios éticos de ésta. Aceptan marcas que no contradigan sus principios editoriales, rechazan aquellos machistas, sexistas o financieros o especulativas, ni empresas que inviertan en empresas sucias o en armas, aceptamos publicidad institucional.

Detrás de Más Público no hay ningún empresario, partido político u otra organización. Los principios que defienden son la igualdad, laicidad, defensa de lo público, economía justa, trabajos sociales, medio ambiente, república y cultura libre. Pese a ello, pretenden ser un medio de masas que pueda ser leído tanto por un monárquico como por un republicano.

Medios de comunicación como La Marea, marcan una nueva tendencia para alcanzar una información veraz, desinteresada y alejada de los poderes económicos. Sólo así caminaremos hacia la auténtica libertad informativa y de expresión.

He aquí un ejemplo de periodismo corporativo:





¡Aquí sí se cobra! LA MAREA

30 04 2013

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“No hay mal que por bien no venga”, siguiendo la filosofía de esta frase, los ex-trabajadores del diario Público, uno de los medios de comunicación que también ha cerrado por la crisis en España y que en su día estaba dirigido por Jaume Roures, decidieron emprender.

Jaume Roures

Jaume Roures

¿Emprender? Sí, esa palabra que está tan de moda ahora que el país atraviesa por una crisis no sólo económica que es la  más evidente es, sino también, en un ámbito mucho más preocupante, el cultural.

“Hay que agradecer al señor Jaume Roures que cerrase el periódico después de pensarlo mucho porque gracias a él, han salido ocho nuevos medios de comunicación en el último año”, con estas palabras de gratitud, Toni Martínez, ex empleado de Público daba una lección de humildad y optimismo a los oyentes.

¿Cómo emprender en el campo del periodismo? “Los nuevos medios son como pequeñas células, alguien dice que somos como Al Qaeda y que luchamos por nuestra propia cuenta”, he aquí, la respuesta. Periodismo celular.

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Luz al final del túnel

25 04 2013

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Independiente e inamovible, así pretendió ser Público, y con estas ideas sucumbió al voraz mercado periodístico. El 24 de febrero de 2012, el diario publicó su última portada en edición papel. En la calle quedaron 130 trabajadores, un 85% de la plantilla, que tuvieron que hacer las maletas. Uno de ellos fue Toni Martínez, quien, junto a 40 ex trabajadores de Público puso en marcha la novedosa cooperativa periodística MásPúblico, germinada a raíz del ERE, y fundó el periódico mensual La Marea. Un ejemplo de evolución. Cuando más se acrecienta la persecución al rigor, a la compleja objetividad, y sobre todo, a todo aquello que denuncia lo preciso, más necesaria es la irrupción de medios que defiendan sus ideales y lo hagan con sus consecuencias. Leer el resto de esta entrada »





La historia de una mentira

19 04 2013

El caso de Stephen Glass es, ante todo, indignante. Se trata de uno de los mayores escándalos periodísticos que se recuerdan. El periodista de The New Republic, falseó datos, noticias, historias; pero sobre todo, mintió a la sociedad y a sí mismo como profesional y persona. El joven escribió 47 artículos para la conocida revista, de los que 21, resultaron ser invención suya, total o parcialmente. Su elocuencia y carisma, fueron la razón de que los textos fueran tomados como verdaderos. Nadie presagiaba la tragedia, la caída de uno de los referentes en ese momento. Adam Penenberg, redactor de la revista Forbes, encontró evidencias de que algunos datos aportados por Stephen Glass en sus artículos no eran ciertos y la información había sido manipulada. Leer el resto de esta entrada »





Un éxito imaginario

7 04 2013

Si existe una acción que puede hundir tu carrera en el mundo del periodismo, ésa es la de romper el inexorable principio de veracidad.

Stephen Glass

Stephen Glass

El 11 de mayo 1998, el joven periodista Stephen Glass fue despedido de la prestigiosa revista The New Republic después de que el diario digital Forbes descubriera irregularidades en su artículo ‘Hack Heaven’. Era la primera vez que una edición digital le restaba credibilidad a una publicación en papel y, en su momento, se convirtió en uno de los mayores escándalos de la historia del periodismo.

En dicho artículo Stephen Glass retrató, como si hubiese estado presente, una convención de hackers donde una empresa de tecnología le ofreció a un niño de 15 años, que violó sus sistemas, ser el nuevo jefe de seguridad informática de la compañía ofreciéndole un contrato millonario.

Esta publicación llegó a manos de Adam Penenberg, periodista de  Forbes.com, quien investigó la historia y descubrió que las piezas no encajaban. Llamadas y correos sin respuesta, páginas web sospechosas, fuentes inexistentes, anotaciones equivocadas… Un cúmulo de atentados contra los principios básicos del periodismo que obligaron a Charles Lane, editor de TNR, a suspender temporalmente a Stephen Glass. La redacción de The New Republic se movilizó a favor de Glass. Éste era un tipo encantador y detallista que seducía a todos gracias a su don de gentes. Sus compañeros creían que todo era fruto de una persecución del nuevo editor, Charles, a Stephen motivada por la escelente relación que éste tenía con el anterior editor. Pero pronto comprobarían que estaban equivocados.

Charles Lane descubrió que, al menos, 27 de los 41 artículos que Stephen Glass publicó en TNR estaban total o parcialmente inventados. Este hecho supuso el despido inmediato de Glass y la frustración de sus compañeros tras haber creído en sus artimañas de atracción.

Charles Lane replica a Stephen Glass

Charles Lane replica a Stephen Glass

La decisión de Charles Lane. El recién nombrado editor de The New Republic se vio en la difícil disyuntiva de, o bien proteger a un redactor atendiendo a las presiones de sus compañeros, o por el contrario defender los principios básicos de la profesión periodística. Charles decidió lo correcto y despidió a Stpehen Glass. Finalmente elaboró un escrito en el que pedía perdón a todos sus lectores por todos los artículos inventados por Glass.

La codicia de Stephen Glass. Este personaje se obsesionó en llegar a la cima del periodismo a toda costa. Para ello no le importó inventar artículos que sus lectores creyeron. Stephen se apoyó en la importancia de la cabecera para que sus fabulaciones pareciesen verídicas. Sin duda, para Glass el fin justificaba los medios.

El sistema de verificación de TNR. Resulta cuanto menos sorprendente cómo Stephen Glass esquivó todos los controles de verificación de la información que efectuaba la redacción de The New Republic. Resulta clave en este hecho el anterior editor de TNR, quien seguramente estaba al tanto de todos estos artículos de contenidos ficticios, pero que no se atrevió a denunciar apoyado en el éxito de la revista.

Paradójicamente, el mismo Stephen Glass afirmaba esto durante la película: “No puedes ir al mundo del periodismo sin antes haber comprendio cómo se publica una nota en The New Republic (…) Llega una historia y va a un editor senior. Él o ella, la edita en la computadora, y luego llama al redactor que hace revisiones. La nota pasa a otro editor y el redactor nuevamente la corrige. Luego pasa por el control de datos, donde cada hecho mencionado, cada fecha, título, cada lugar o dato se comprueba o verifica. Y el artículo va a un corrector que lo revisa una vez más. Y a los abogados que hacen su propio escrutinio. Luego la producción lo toma y le da forma y estilo. Vuelve a imprimirse, regresa al editor, al corrector, de vuelta al primer editor y al segundo, a comprobación de datos, de vuelta al redactor, y a producción otra vez. Mientras, los abogados leen y releen, buscando posibles conflictos, algo que no parezca corroborado. Cuando están satisfechos se imprime, y todo comienza otra vez”.

El poder de las grandes cabeceras. Las fantasiosas historias de Stephen Glass no habrían adquirido categoría de verdades de no ser por el medio en el que trabajaba. Cuando un periodista publica un artículo amparado bajo un importante medio de comunicación, sus palabras son rituales de verdad. Los medios poseen un claro poder de estructurar los pensamientos y ser los verdaderos portadores de la verdad de un mundo.

Otro aspecto relevante que influyó para que las invenciones de Glass tuviesen rango de realidades, se debe a cómo los lectores las percibían. Es conveniente recordar que los seres humanos preferimos ver y oír lo que nos agrada que escuchar la verdad cuando ésta no nos gusta. Sin estas dos variantes hubiesen sido imposibles las fabulaciones de Stephen Glass

La actuación de Forbes. Es cierto que en la actualidad existen numerosos medios digitales. Sin embargo, en 1998, Forbes fue pionero en Estados Unidos en publicaciones online. Es por ello que cobra especial importancia el escándalo en The New Republic que ese 11 de mayo destapó este medio. Adam Penenberg, tras una rigurosa y minuciosa investigación, descubrió todas las patrañas que Stephen Glass incluyó en ‘Hack Heaven’. Este hecho catapultó su carrera y en la actualidad es profesor asistente en la universidad de Nueva York y escribe en el Washington Post. El artículo que desenmascaró a Glass se publicó el 5 de noviembre de 1998, y su título es Lies, Damn Lies and Fiction (Mentiras, Malditas Mentiras y Ficción).

Este brillante hallazgo por parte de Forbes.com demuestra que los medios digitales poseen tanto rigor periodístico como cualquier edición impresa. La diferencia está en la percepción de los usuarios, quienes tradicionalmente han otorgado más fiabilidad a los diarios en papel. Obviamente, casos como el de Stephen Glass indican que tanto medios online como impresos deben gozar de la misma credibilidad. En la actualidad está apreciación desigual ha desaparecido. En el año 2013 los lectores de prensa digital superan a los diarios impresos.





Ante todo honestidad

27 03 2013

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El rigor de las informaciones y la veracidad de las fuentes son dos de las reglas básicas e inquebrantables del periodismo. Estas normas fueron violadas por Stephen Glass, el protagonista de la película basada en hechos reales El precio de la verdad  (Shattered Glass)(2003) que interpreta Hayden Christensen y dirige Billy Ray.

“El periodismo está lleno de fantasmas, de fanfarrones, de imbéciles. Están siempre vendiéndose, negociando los contactos, intentando parecer más importantes de lo que son. Lo bueno es que estos periodistas te ayudan a destacar”. “El periodismo es el arte de captar el comportamiento. Averiguo lo que a la gente le conmueve o le asusta, de este modo son las personas las que cuentan la historia, este tipo de artículos también puede ganar premios Pulitzer”. Estas palabras con voz en off de Glass sirven para dar el pistoletazo de salida al largometraje.

Stephen Glass podía presumir en 1998 a sus tan sólo 24 años de trabajar como periodista en una de las revistas más prestigiosas y elitistas de Estados Unidos: The New Republic donde relataba los sucesos que había presenciado. Al tratarse de situaciones que sólo había presenciado él como periodista, las fuentes de estas noticias eran las propias, de este modo conseguía esquivar los sistemas de verificación de datos.

Stephen Glass

Las primeras sospechas sobre datos irregulares en las publicaciones de Glass se dieron en el artículo “Spring Breakdown”,  pero fue el medio online Forbes quien destapó el escándalo a raíz de “Hack Heaven” donde Stephen Glass describía en primera persona en el contexto de una convención de hackers en Las Vegas, la reunión de un pirata informático de 15 años con representantes de Jukt Micronics, importante compañía de software. En ella se le ofrecía el puesto de jefe de seguridad de la empresa, además de aceptar sus chantajes.

El periodista de Forbes Adam Pennenberg fue el que descubrió la falsedad del artículo al comprobar que no existía la empresa de software Jukt Micronics ni el hacker quinceañero y que no podía celebrarse una convención en el hotel de Las Vegas que se nombraba en el artículo, además de otras falsedades e inexactitudes. Esto supuso el despido fulminante de Stephen Glass.

El artículo de Adam Pennenberg publicado el 10 de mayo de 1998 provocó la carta de disculpa de The New Republic al mes siguiente en la que señalaba que de los 41 artículos publicados por Glass en la revista, 27 eran parcialmente o totalmente inventados.

Adam Pennenberg descubrió el Caso Glass

El papel de internet resultó fundamental para comprobar la invención de los datos y las fuentes de Glass. En 1998 con una red todavía incipiente, muchas redacciones no tenían acceso a internet y evidentemente su mentalidad era cien por cien print. Esto suponía que en casos como el de Glass, sus artículos pudieran pasar por el filtro de los encargados de verificar los datos.

Tenía que ser un medio nativo online el que destapara la caja de los truenos: la revista Forbes. El artículo de Adam Pennenberg que denunciaba el caso supuso un paso adelante del periodismo en internet y una declaración de intenciones de lo que suponía la red en el mundo del periodismo, Stephen Glass fue la primera víctima.

Pennenberg y su equipo se encargaron en un primer lugar de comunicar al director de The New Republic, Charles Lane sus averiguaciones sobre el caso mientras este les pasaba los números de teléfono y las cuentas de los protagonistas de Hack Heaven. Una vez los periodista de Forbes van demostrando la falsedad de estos números y cuentas queda patente la ficción del relato de Glass.

Este caso puso en cuestión la veracidad de los medios como The New Republic, una revista que contaba con una elevada reputación. Otro periódico de EE.UU. que contaba (y cuenta) con un gran prestigio como es The Washington Post también cayó en la trampa, la historia de Jimmy escrita por Janet Cooke y que le valió un Pulitzer también resultó ser falsa.

Es en ámbito del periodismo deportivo donde suele existir menor rigor informativo, es frecuente encontrar noticias falsas y declaraciones tergiversadas o hasta inventadas. Un ejemplo de esto se da en artículos como este de Diego Torres, periodista encargado de cubrir la información del Real Madrid para El País.

Se puede hacer buen periodismo con rigor y verificación desde cualquier medio, sea local, tradicional o nacional. Lo que importa no es el medio sino la honestidad del periodista.

Las conclusiones que se extraen del Caso Glass y lo que supone para el periodismo son:

– La autenticidad  de fuentes y el rigor y veracidad de la información bajo cualquier circunstancia. Es lo que diferencia al periodista del narrador.

–  Una revisión más exhaustiva por medio del periódico, no sólo para localizar erratas e inexactitudes sino también para comprobar que los datos que ofrece el periodista y sus fuentes son verídicas.

–  No anteponer el lucimiento personal antes que la honestidad profesional. A Stephen Glass, quizá debido a su juventud, le gustaba sentirse admirado por sus compañeros de redacción y por su ex director Michael Kelly, y siempre escribía artículos cada vez más estrambóticos para continuar siendo el centro de atención.

–  Siempre hay que recoger fotografías o vídeo para demostrar la veracidad de las informaciones. Este fue el gran punto débil de sus publicaciones, especialmente de Hack Heaven, no contenía imágenes.

–  Stephen Glass decía en la película que: “Un gran director lucha por los suyos, por sus  redactores”, esto debe ser así pero hasta cierto punto. Él se aprovechaba de la indulgencia de su anterior jefe, Michael Kelly para publicar sus artículos. La confianza que le procesaba se destrozó como un cristal.








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